
Ansiedad
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta natural de nuestro cuerpo ante situaciones que percibimos como amenazantes o desafiantes. En cierta medida es adaptativa y nos ayuda a estar alerta. Sin embargo, cuando aparece con demasiada frecuencia, intensidad o en momentos donde no hay un peligro real, puede convertirse en una dificultad que afecta nuestro bienestar y nuestra calidad de vida.
¿Cómo puedo saber si tengo ansiedad?
Tal vez te identifiques con alguna de estas situaciones:
- Si te sientes nervioso o en alerta la mayor parte del tiempo, incluso sin un motivo claro.
- Si te ocurre que tu mente no deja de anticipar problemas o imaginar el peor escenario posible.
- Si notas síntomas físicos como palpitaciones, presión en el pecho, tensión muscular o problemas de sueño.
- Si ves que te cuesta concentrarte, descansar o disfrutar de las actividades cotidianas.
Los síntomas de la ansiedad son muy variados y pueden manifestarse a distintos niveles: sensaciones corporales incómodas, pensamientos negativos y recurrentes, conductas como la inquietud o la evitación. Cada persona vive la ansiedad de manera diferente, y por eso es tan importante explorar y comprender la experiencia de cada persona para poder acompañarle de la mejor manera.
Consecuencias en la vida diaria
La ansiedad puede tener un impacto significativo en diferentes áreas de la vida. Puede generar cansancio constante, limitar actividades o experiencias por miedo, afectar el descanso y la concentración, e incluso influir en las relaciones con los demás al aumentar la irritabilidad o el temor. Todo esto puede hacer que la vida se sienta más pesada y difícil de disfrutar plenamente.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Trabajar la ansiedad no significa únicamente aprender a “calmarla”, sino también comprender qué nos está queriendo decir. En terapia exploramos:
- La raíz: qué experiencias pasadas o actuales influyen en que la ansiedad se active.
- Las situaciones cotidianas que nos afectan: identificar patrones que la mantienen (por ejemplo, perfeccionismo, exigencias, miedos, estresores, etc.).
- Estrategias prácticas: aprender recursos para manejar la ansiedad en el día a día y recuperar la calma, la presencia y el equilibrio.
El objetivo no es eliminar por completo la ansiedad —porque forma parte de nuestra vida—, sino aprender a escucharla y convivir con ella de manera más saludable, de forma que no limite tu día, bienestar o tus proyectos.

¿Qué es la depresión?
La depresión es más que sentirse triste o tener un mal día. Se trata de un estado de ánimo que permanece en el tiempo y que afecta a la manera en que pensamos, sentimos y actuamos. Puede aparecer tras experiencias difíciles, pero también sin una causa aparente, y suele ir acompañada de una sensación de vacío, apatía o falta de motivación que interfiere en la vida cotidiana.
¿Cómo puedo saber si tengo depresión?
Tal vez te identifiques con alguna de estas situaciones:
- Si te sientes triste, desanimado o sin energía durante la mayor parte del día.
- Si te ocurre que ya no disfrutas de actividades que antes te ilusionaban.
- Si notas cambios en tu apetito o en tu sueño (dormir demasiado o muy poco).
- Si ves que te resulta difícil concentrarte, tomar decisiones o mantener la motivación.
- Si percibes pensamientos de inutilidad, culpa o desesperanza.
Los síntomas de la depresión son muy variados y pueden manifestarse de diferentes maneras: desde malestar físico (cansancio, dolores), hasta pensamientos de carácter negativo, dificultad para disfrutar, o comportamientos como el aislamiento o la pérdida de interés. Los motivos que llevan a una persona a desarrollar depresión también son muy diversos: lo que hay detrás de este malestar puede ser distinto en cada caso, incluso aunque los síntomas se parezcan. Por eso es fundamental comprender a fondo la historia y la experiencia de cada persona.
Consecuencias en la vida diaria
La depresión puede influir en distintas áreas de la vida: en lo personal, generando una sensación constante de agotamiento o apatía; en lo social, dificultando las relaciones con los demás o llevando al aislamiento; y en lo laboral o académico, afectando la concentración, la productividad y la motivación. Todo ello puede hacer que la vida se sienta cuesta arriba y que incluso tareas simples resulten difíciles de afrontar.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Superar la depresión no significa “ponerse positivo” o “tener fuerza de voluntad”. En terapia trabajamos para:
- Explorar la raíz: comprender a fondo las experiencias, situaciones y circunstancias que han influido en el desarrollo de la depresión.
- Comprender los patrones actuales: identificar ciertos comportamientos que contribuyen a nuestro malestar y cómo influyen en nuestro día a día.
- Desarrollar recursos prácticos: un proceso en el que cada persona avanza a su propio ritmo y los recursos van a variar según sus necesidades y características. Estos recursos ayudarán a la persona a recuperar la motivación poco a poco, reconectar con actividades que aportan bienestar y construir un diálogo interno más amable.
El objetivo es ayudarte a recuperar el equilibrio, encontrar un mayor sentido y aprender a relacionarte contigo mismo y con tu vida de una manera más compasiva y saludable.

¿Qué es el duelo?
El dueloes la respuesta natural ante la pérdida de algo o alguien significativo. No se limita únicamente a la muerte de un ser querido: también puede aparecer tras rupturas, cambios importantes, pérdidas de proyectos, salud, empleo, expectativas no cumplidas, cambios en las etapas del ciclo vital o la pérdida de una mascota. Es un proceso normal y necesario que nos permite adaptarnos a la ausencia, integrar la pérdida y reorganizar nuestra vida.
¿Cómo puedo saber si estoy en duelo?
Tal vez te identifiques con alguna de estas situaciones:
- Si sientes tristeza profunda, nostalgia o vacío, incluso durante momentos que antes eran neutros o felices.
- Si te ocurre que los recuerdos de la pérdida te invaden constantemente o te cuesta aceptar que ha ocurrido.
- Si notas cambios en tu energía, apetito o sueño, o sensación de estar desconectado de tu entorno.
- Si ves que te resulta difícil concentrarte, tomar decisiones o disfrutar de actividades que antes te agradaban.
Los síntomas del duelo son muy variados y pueden manifestarse a distintos niveles: emociones intensas y muy variadas(culpa, miedo, tristeza, vacío, desesperanza, rabia), pensamientos recurrentes, malestar físico o conductas de evitación. Cada persona vive el duelo de manera diferente. Por eso es fundamental comprender la experiencia personal y el significado que esa pérdida tiene para cada persona.
Consecuencias en la vida diaria
El duelo puede afectar distintas áreas de la vida: puede generar cansancio emocional, dificultad para concentrarse, cambios en la rutina diaria y sensación de desconexión con los demás. También puede influir en nuestras relaciones, aumentando la irritabilidad, la necesidad de aislamiento o dificultades para comunicarnos. Todo esto puede hacer que la vida se sienta más pesada y que los momentos cotidianos resulten más difíciles de disfrutar.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Acompañar el duelo no significa “superar la pérdida rápido” u “olvidar”. En terapia trabajamos para:
- Explorar la raíz: comprender a fondo la relación con lo perdido, las experiencias y circunstancias que hacen que esta pérdida sea tan significativa, y cómo influyen en tu proceso actual.
- Aprender a manejar las emociones: identificar y gestionar tus emociones permitirá poco a poco ir aceptando lo ocurrido y adaptándote a la nueva situación.
- Desarrollar recursos prácticos: un proceso en el que cada persona avanza a su propio ritmo y los recursos van a variar según sus necesidades y características. Estos recursos ayudan a reconectar con actividades que aportan bienestar, gestionar emociones difíciles y construir un diálogo interno más amable mientras se integra la pérdida.
El objetivo es ayudarte a acompañarte durante tu proceso de duelo, aprender a convivir con la ausencia de manera saludable y recuperar un equilibrio que te permita continuar con tu vida de forma significativa y compasiva.

La autoestima es la valoración que tenemos de nosotros mismos y la manera en que nos relacionamos con nuestra propia imagen, capacidades, limitaciones y emociones. No se trata de sentirse o verse “perfecto”, sino de reconocer nuestro valor (más allá de lo que hacemos, apreciando nuestra esencia como personas), aceptar nuestras limitaciones (y no castigarnos o ser duros con nosotros mismos por ellas) y aprender a tratarnos con amabilidad (en lugar de ser críticos y exigentes).
La autoestima se desarrolla a lo largo de la vida y puede verse afectada por experiencias pasadas, falta de reconocimiento y validación, comparaciones sociales o críticas externas e internas constantes.
¿Cómo puedo saber si tengo baja autoestima?
Tal vez te identifiques con alguna de estas situaciones:
- Si te sientes inseguro o insuficiente, incluso en áreas donde tienes habilidades.
- Si te ocurre que te comparas constantemente con los demás y sientes que no estás “a la altura”.
- Si notas autocrítica excesiva o dificultad para reconocer tus logros.
- Si ves que te cuesta tomar decisiones o defender tus necesidades por miedo al juicio o al rechazo.
Los síntomas de la baja autoestima son variados y pueden manifestarse de distintas maneras: pensamientos autocríticos, emociones de inseguridad o culpa, comportamientos de evitación o dependencia, y dificultad para disfrutar de tus logros. Cada persona vive su autoestima de forma única, y aunque algunas señales puedan parecer similares, las razones detrás de ellas pueden ser muy diferentes. Por eso es fundamental explorar y comprender la experiencia personal de cada uno.
Consecuencias en la vida diaria
La baja autoestima puede afectar distintas áreas de la vida: puede limitar la confianza para emprender proyectos, dificultar la toma de decisiones, influir en las relaciones personales y profesionales, generar miedo al juicio, rechazo o abandono, llevarnos a ser más complacientes y no expresar nuestras necesidades ni poner límites, y dificultar el disfrute de los momentos buenos. Todo esto puede hacer que la vida se sienta más pesada, y que incluso oportunidades o experiencias gratificantes resulten más difíciles de aprovechar o disfrutar.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Trabajar la autoestima no significa “quererse a uno mismo” de manera inmediata, sino aprender a valorarse y reconocerse paso a paso. En terapia trabajamos para:
- Explorar la raíz: comprender las experiencias, mensajes y situaciones que han influido en la forma en que te valoras y te relacionas contigo mismo.
- Aprender a manejar las emociones: identificar y gestionar emociones como la inseguridad, la autocrítica o la culpa permitirá poco a poco fortalecer la confianza y aceptación personal.
- Desarrollar recursos prácticos: un proceso en el que cada persona avanza a su propio ritmo y los recursos van a variar según sus necesidades y características. Estos recursos te ayudan a reconocer tus logros, establecer límites saludables, reconectar con tus fortalezas, ser más comprensiva con los errores y tus limitaciones, construir hábitos de autocuidado y un diálogo interno más amable.
El objetivo es ayudarte a mejorar tu relación contigo misma, aumentar la confianza y desarrollar una autoestima más fuerte y equilibrada que te permita afrontar las situaciones dificiles de la vida y vivir de manera más plena y satisfactoria los momentos positivos.

¿Qué son los TCA?
Los trastornos de la conducta alimentaria son trastornos caracterizados por patrones de comportamiento relacionados con la alimentación, el peso y la imagen corporal que afectan la salud física y emocional de la persona. No se trata solo de comer “demasiado” o “poco”, sino de cómo se relaciona la persona con la comida, el cuerpo y consigo misma. Los TCA pueden desarrollarse por una combinación de factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales, y pueden afectar a personas de cualquier edad, género o tipo de cuerpo.
Tipos de TCA
Existen diferentes tipos de TCA, y cada uno se manifiesta de manera particular:
- Anorexia nerviosa: restricción extrema de la ingesta de alimentos, miedo intenso a aumentar de peso y una percepción distorsionada del cuerpo. Suele ir acompañada de un alto control sobre la comida y rituales relacionados con la alimentación.
- Bulimia nerviosa: episodios recurrentes de ingesta de alimentos de forma descontrolada (atracones) seguidos de conductas compensatorias para evitar el aumento de peso, como vómitos, ejercicio excesivo o uso de laxantes.
- Trastorno por atracón: episodios recurrentes de ingesta excesiva sin conductas compensatorias, acompañado de sentimientos de culpa, vergüenza o pérdida de control.
- Otros TCA específicos o no especificados: incluyen conductas como la restricción alimentaria parcial, purgas sin atracones o preocupación excesiva por la alimentación y el peso que no encajan en los diagnósticos anteriores.
Cada persona puede presentar síntomas distintos y combinaciones de conductas, por lo que es fundamental evaluar y comprender la experiencia individual.
¿Cómo puedo saber si tengo un TCA?
Tal vez te identifiques con alguna de estas situaciones:
- Si sientes ansiedad, culpa o miedo relacionados con la comida o insatisfacción, verguenza e insuficiencia con respecto a el peso o la forma de tu cuerpo.
- Si la mayor parte del tiempo estás pensando en comida o en tu cuerpo.
- Si notas cambios significativos en tu peso o hábitos alimentarios.
- Si te ocurre que evitas ciertos alimentos o grupos de comida, o tienes rituales rígidos alrededor de la alimentación.
- Si experimentas atracones, vómitos u otras conductas de control del peso de manera frecuente e interfieren en tu vida diaria, tu energía, vida social y bienestar emocional.
Los comportamientos alimentarios alterados son solo la punta del iceberg. Detrás de un TCA existe un conjunto de dificultades emocionales y mentales que generan un gran malestar en la persona. Un TCA no es una elección, sino una respuesta de supervivencia, una manera que la persona encontró para afrontar situaciones dolorosas, experiencias traumáticas o un elevado malestar emocional. Por eso, para comprender la función del TCA es fundamental explorar la historia personal y las circunstancias pasadas y actuales (familiares, sociales y personales) que han influido en su desarrollo.
Consecuencias en la vida diaria
Los TCA pueden afectar múltiples áreas de la vida:
- Salud física, provocando debilidad, desnutrición, problemas digestivos o metabólicos.
- Salud emocional, generando ansiedad, culpa, miedo, tristeza o aislamiento.
- Relaciones personales, debido a la dificultad para compartir comidas, ocultar comportamientos, inseguridad y miedo al rechazo o abandono, conflictos derivados del control sobre la alimentación.
- Vida académica o laboral, afectando concentración, energía y desempeño.
- Ocio, dificultando que la persona pueda disfrutar de hobbies o actividades de disfrute debido a todo el tiempo dedicado a controlar la comida y el cuerpo y al enorme espacio que ocupa el TCA en la vida de la persona.
Estas consecuencias hacen que la vida cotidiana se vuelva más difícil y que la relación con la comida, el cuerpo y uno mismo se vuelva fuente de malestar constante.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Trabajar con los TCA no significa únicamente modificar hábitos alimentarios: implica profundizar en la relación emocional con la comida, el cuerpo y uno mismo. También supone comprender la historia personal y las experiencias emocionales difíciles que influyeron en la aparición del trastorno. En terapia trabajamos para:
- Explorar la raíz: identificar experiencias, mensajes y situaciones que han influido en el desarrollo del TCA. Es importante entender que el TCA cumple una función protectora y de supervivencia en la vida de la persona. No es un trastorno elegido, sino una manera que encontró la persona para sobrevivir a experiencias dolorosas.
- Aprender a manejar las emociones: gestionar la ansiedad, la culpa, el miedo, la autocrítica o los impulsos relacionados con la comida y el cuerpo permitirá recuperar el control de manera saludable y progresiva.
- Exposición alimentaria: trabajar de forma gradual con alimentos temidos para nutrir el cuerpo y disminuir el miedo, la ansiedad y la culpa asociada a ellos.
- Fortalecer la autoestima: aprender a encontrar el valor propio más allá de la forma o el peso corporal.
- Desarrollar recursos y estrategias: recursos que permiten establecer hábitos alimentarios saludables, reconectar con las señales de hambre y saciedad, disminuir rituales y conductas de control o compensación, mejorar la relación con el cuerpo (valorando su función más que su estética) y construir un diálogo interno más amable y compasivo.
El objetivo es ayudarte a recuperar tu salud física y emocional, aprender a relacionarte de manera más equilibrada, respetuosa y compasiva con la comida y tu cuerpo, y desarrollar estrategias que te permitan vivir con más calma, seguridad y bienestar.

¿Qué significa tener una relación conflictiva con la comida y el cuerpo?
No todas las personas que tienen una relación conflictiva con la comida o su cuerpo tienen un TCA. Muchas personas tienen con una relación difícil con la comida o su cuerpo sin cumplir criterios diagnósticos de un TCA, pero aun así experimentan un gran malestar en su día a día relacionado con la comida o con su apariencia física.
Esto puede traducirse en restricciones constantes, atracones ocasionales, miedo a engordar, culpa después de comer, obsesión con la imagen corporal o un diálogo interno muy crítico respecto al cuerpo. La comida deja de ser una fuente de energía y disfrute, y el cuerpo se convierte en un objeto de evaluación y control en lugar de un aliado. Atender a estas señales es fundamental para prevenir que se desarrolle un TCA u otro tipo de condiciones emocionales y/o físicas.
¿Cómo puedo saber si tengo una relación conflictiva con la comida y el cuerpo?
Tal vez te identifiques con alguna de estas situaciones:
- Si sientes culpa, ansiedad o miedo al comer ciertos alimentos.
- Si notas que tu estado de ánimo depende de lo que comas o de cómo percibas tu cuerpo ese día.
- Si te ocurre que pasas gran parte de tu tiempo pensando en tu peso, tu apariencia o en lo que deberías o no deberías comer.
- Si comparas tu cuerpo constantemente con el de otras personas o versiones pasadas de tu cuerpo, sintiéndote insuficiente o insegura.
- Si evitas actividades, planes sociales o ropa por miedo a cómo se verá tu cuerpo.
Cada persona vive esta relación de manera distinta. En algunos casos, se manifiesta con una alimentación muy restrictiva; en otros, con episodios de descontrol, y en muchos, con una lucha constante entre “lo que debería hacer” y “lo que me apetece”.
Consecuencias en la vida diaria
Una relación conflictiva con la comida y el cuerpo puede afectar en varios niveles:
- Emocional: culpa, ansiedad, vergüenza, frustración o sensación de nunca hacer o ser “suficiente”.
- Corporal: ciclos de restricción y descontrol, fatiga, cambios de peso o desconexión de las señales de hambre y saciedad.
- Social: evitar planes con otros (tanto los que involucran comida como los que no), ropa o actividades por miedo al juicio o a la propia incomodidad e insatisfacción corporal.
- Autoestima: valorar el propio valor únicamente a partir de la apariencia física o del control sobre la comida.
Esto genera una sensación de estar en una batalla constante con uno mismo, lo cual puede restar energía, bienestar y disfrute en la vida diaria.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Trabajar en la relación con la comida y el cuerpo no significa realizar una dieta o cambiar la apariencia, sino reconstruir un vínculo más sano y compasivo con tu cuerpo y contigo misma. En terapia trabajamos para:
- Explorar la raíz: comprender las experiencias, mensajes sociales o familiares y situaciones que han influido en tu relación con la comida y la imagen corporal.
- Aprender a manejar las emociones: reducir la culpa, la ansiedad y el miedo asociados a la alimentación y al cuerpo.
- Reconectar con el cuerpo: aprender a escuchar las señales de hambre y saciedad, reconociendo las necesidades del cuerpo más allá de la apariencia.
- Fortalecer la autoestima: encontrar tu valor en lo que eres y no solo en cómo te ves, desarrollando una relación más amable contigo mismo.
- Ver a tu cuerpo como un hogar: crear hábitos de autocuidado corporal basados en el respeto y aceptación hacia tu cuerpo.
- Desarrollar recursos prácticos: estrategias para flexibilizar la alimentación, disminuir rituales de control, disfrutar de los alimentos sin culpa y valorar el cuerpo por su función más que por su estética.
El objetivo es que puedas sentirte en paz con la comida y reconciliarte con tu cuerpo, construyendo una relación más libre, consciente y equilibrada.

¿Qué es el trauma?
El trauma psicológico se refiere a aquellas experiencias que nos han sobrepasado emocionalmente, dejándonos con una sensación de vulnerabilidad, miedo o pérdida de control. No siempre se trata de grandes catástrofes: el trauma también puede originarse en experiencias cotidianas que se viven como muy dolorosas, como negligencia, abuso, violencia, abandono, humillación, críticas constantes o la falta de cuidado emocional.
El trauma no está en el evento en sí, sino en cómo fue vivido y sentido por la persona. Esto significa que dos personas pueden atravesar una misma situación, pero experimentarla de manera muy diferente.
¿Cómo puedo saber si tengo heridas de trauma?
Tal vez te identifiques con alguna de estas situaciones:
- Si sientes reacciones muy intensas (miedo, rabia, tristeza) frente a ciertas situaciones que parecen “pequeñas” para los demás.
- Si te ocurre que revives recuerdos dolorosos o sientes que el pasado vuelve una y otra vez.
- Si notas síntomas físicos como tensión, sobresaltos, dificultades para dormir o sensación constante de alerta.
- Si percibes que tienes dificultad para confiar, poner límites o sentirte seguro en tus relaciones.
- Si notas que sueles sentirte insuficiente e insegura en diferentes ámbitos y momentos.
Los efectos del trauma pueden ser muy variados: desde sensaciones corporales incómodas, pensamientos intrusivos y emociones intensas, hasta conductas de evitación o desconexión. Cada persona vive el trauma de manera distinta, y por eso es fundamental comprender su historia y el impacto único que esas experiencias han tenido en su vida.
Consecuencias en la vida diaria
El trauma puede afectar distintos aspectos de la vida:
- Emociones: dificultad para regularlas, sensación de vacío o hipersensibilidad.
- Cuerpo: tensión, dolores físicos, fatiga o insomnio.
- Relaciones: miedo a la cercanía o, por el contrario, dependencia emocional.
- Autopercepción: sentimientos de vergüenza, culpa o una baja autoestima.
Todo esto puede generar la sensación de estar “atascado” en el pasado, sin poder disfrutar plenamente del presente.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Sanar el trauma no significa olvidar lo ocurrido, sino aprender a darle un lugar en tu historia de vida sin que siga determinando tu presente. En terapia trabajamos para:
- Explorar la raíz: comprender las experiencias dolorosas y el impacto que han tenido en la forma en que te relacionas contigo mismo, con los demás y con el mundo.
- Aprender a manejar las emociones y el cuerpo: identificar y regular las emociones intensas, así como atender las señales corporales asociadas al trauma, permite recuperar la seguridad interna.
- Trabajar con la memoria traumática: poco a poco, integrar los recuerdos dolorosos sin que dominen tu vida actual.
- Fortalecer la autoestima y la seguridad interna: reconocer tu valor más allá de las experiencias vividas y recuperar la confianza en ti y en los demás.
- Desarrollar recursos: estrategias para manejar el malestar en el día a día, recuperar la calma, poner límites y reconectar con el presente.
El objetivo es integrar las experiencias traumáticas, entendiendo que forman parte de tu pasado, pero retomando el control de tu presente y recuperando una mayor sensación de equilibrio, seguridad y paz.

¿Qué significa atravesar una ruptura de pareja?
Una ruptura de pareja es una de las experiencias más difíciles a nivel emocional. No importa si fuiste tú quien tomó la decisión o si no formaste parte de ella, si ocurrió de manera inesperada o fue una decisión conjunta, si hubo una infidelidad o si simplemente las necesidades no estaban siendo cubiertas o cada persona tomó un camino diferente. En todos los casos, la ruptura puede generar dolor, confusión y una profunda sensación de vacío.
Una separación no solo implica perder a la pareja, sino también despedirse de proyectos en común, rutinas compartidas, apoyo emocional, expectativas y vínculos construidos. Además, muchas veces supone enfrentarse al miedo de empezar de nuevo y a la sensación de perder una parte importante de la propia identidad.
¿Cómo saber si estoy viviendo un duelo por ruptura de pareja?
Tal vez te identifiques con alguna de estas experiencias:
- Si sientes tristeza profunda, vacío, culpa, miedo o rabia tras la separación.
- Si te ocurre que revives recuerdos de la relación y te cuesta soltarlos.
- Si notas dificultad para concentrarte, cambios en el apetito o el sueño.
- Si ves que te resulta complicado imaginar tu vida sin esa persona o avanzar hacia nuevas etapas.
- Si notas que te cuesta hacer tu vida y disfrutar de las cosas que antes disfrutabas.
- Si te sientes incapaz de hacer sola aquellas cosas que hacias con tu pareja.
Los síntomas son muy variados y pueden incluir emociones intensas, pensamientos recurrentes o conductas de evitación. Cada persona atraviesa una ruptura de manera distinta, y por eso es importante comprender el significado personal que esa relación y esa pérdida tenían en su vida.
Consecuencias en la vida diaria
Una ruptura puede tener efectos en distintas áreas de la vida:
- Emocionales: tristeza, ansiedad, culpa, miedo, baja autoestima.
- Relacionales: aislamiento, dificultad para confiar en nuevas relaciones o conflictos con amistades y familia compartida.
- Cotidianas: desajustes en rutinas, pérdida de motivación, cambios en hábitos de sueño o alimentación.
Todo esto puede hacer que el día a día te cueste más, que resulte difícil disfrutar del presente e incluso impedir que realices tus actividades con normalidad.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Acompañar un proceso de ruptura no significa “olvidar” a la persona o la relación, sino integrar esa experiencia en tu historia personal, retomar tus actividades, abrir espacio para lo nuevo y fortalecer tu identidad y autoestima.
En terapia trabajamos para:
- Explorar el significado que la persona y la relación tuvieron para ti: comprender qué necesidades cubría, qué aprendizajes deja la experiencia y cómo forma parte de tu crecimiento personal.
- Aprender a manejar las emociones: identificar y gestionar la tristeza, la rabia, la culpa o el miedo, permitiendo poco a poco aceptar lo ocurrido.
- Reconstruir tu identidad: volver a conectar contigo mismo/a más allá de la relación, reconocer quién eres, qué valores te definen y qué quieres en tu vida a partir de ahora.
- Fortalecer la autoestima: recuperar la confianza en ti, cultivar prácticas de autocuidado y reconectar con lo que te aporta bienestar y fortaleza.
- Desarrollar recursos prácticos: estrategias para adaptarte a esta nueva etapa, reconectar con actividades y personas significativas y abrirte a nuevas experiencias de manera sana y equilibrada.

¿Qué es la dependencia emocional?
La dependencia emocional es una forma de vincularse en la que la persona experimenta una fuerte necesidad de recibir atención, afecto y aprobación de otra, llegando a sentir que su bienestar y felicidad dependen casi por completo de esa relación.
No se trata únicamente de desear compañía, sino de una dificultad para encontrarse bien consigo mismo sin la validación o cercanía del otro. Esta dinámica puede dar lugar a comportamientos poco saludables, a poner siempre en primer lugar a la otra persona y a una reducción de la autonomía personal, lo que contribuye a relaciones poco equilibradas y a un mayor malestar emocional.
¿Cómo puedo saber si tengo dependencia emocional?
Algunas señales que pueden indicar dependencia emocional son:
- Miedo intenso a la soledad o al abandono.
- Necesidad constante de aprobación o validación.
- Dificultad para poner límites por temor a generar conflictos o perder a la otra persona.
- Priorizar las necesidades de los demás sobre las propias de forma habitual.
- Sensación de vacío, inseguridad o ansiedad cuando la otra persona no está disponible.
Los síntomas de la dependencia emocional pueden variar y manifestarse en distintos niveles: emociones intensas (miedo, ansiedad, culpa), pensamientos recurrentes sobre la relación y conductas como el control o la complacencia excesiva. Cada persona vive la dependencia de manera distinta, por lo que es importante explorar y entender la experiencia personal.
Consecuencias en la vida diaria
La dependencia emocional puede tener efectos en diferentes áreas de la vida:
- Relaciones: genera vínculos poco equilibrados, en los que una persona suele dar mucho más que la otra o tolerar dinámicas poco sanas.
- Autoestima: dificulta tomar decisiones propias, fomenta la inseguridad y refuerza la autocrítica.
- Bienestar diario: puede provocar ansiedad, frustración, sensación de vacío y dificultad para disfrutar de la vida sin la compañía de la otra persona.
Todo esto puede hacer que el día a día se viva con más miedo, tensión e inseguridad, y que resulte difícil construir relaciones sanas y equilibradas.
Tratamiento y acompañamiento terapéutico
Trabajar la dependencia emocional no significa rechazar los vínculos o volverse completamente “autosuficiente”, sino aprender a relacionarse desde la libertad, la confianza y el equilibrio.
En terapia trabajamos para:
- Explorar la raíz: comprender experiencias pasadas, heridas en relaciones anteriores, creencias y aprendizajes que influyen en la manera de vincularse.
- Aprender a manejar las emociones: identificar y regular la ansiedad, el miedo al abandono, la culpa o la inseguridad, ganando poco a poco mayor estabilidad emocional.
- Fortalecer la autoestima: reconocer el propio valor más allá de la aprobación externa, cultivar el autocuidado y reforzar la confianza en las decisiones personales.
- Desarrollar recursos prácticos: aprender a poner límites, expresar necesidades con asertividad, practicar el autocuidado, construir un diálogo interno más compasivo y fomentar relaciones más equilibradas y saludables.